Diciembre en la Selva Negra, un manto de niebla fresca se difumina entre las botas, el aire huele a pino y promesa. El espíritu aventurero, como un "soldado suizo" que no teme al frío, avanza por senderos silenciosos.

Cada paso es un tributo a la precisión y el ingenio de Karl Elsener, el padre de la navaja multiusos, un visionario de Ibach.

En una pausa junto a un abeto centenario, la navaja 'Huntsman', fiel compañera, sale de su funda. Con movimientos firmes, el filo baila sobre un trozo de madera, tallando un pequeño letrero. No es un trozo cualquiera, es un pedacito del alma del bosque, un símbolo de gratitud y recuerdo, creado con la misma pasión que forjó la leyenda de Victorinox.

Con un último corte y unos retoques de rotulador, el homenaje de madera queda bonito. Se deposita con cuidado al pie del árbol (un secreto compartido con la selva).

Es un pequeño homenaje, una huella de paso, un "latido" de madera que dice: "Estuve aquí, honrando la tradición suiza, dejando un trozo de mí en esta aventura".
El "aventurero" sonríe; la misión ha sido cumplida: 5,44 KM.

